La cantante y poetisa cerró su serie de presentaciones en el CCK con una lista de canciones que fue del viaje íntimo al voltaje

En algo más de 80 minutos, Patti Smith cautivó al auditorio reunido para su segunda noche en el CCK. Una pantalla instalada en la puerta del lugar también permitió a una nutrida cantidad de fanáticos seguir el show de la leyenda neoyorquina. Desde los acordes iniciales de "Wing" junto al guitarrista Tony Shanahan, historia y devoción se mezclaron para llevar el grado emocional a niveles de alucinación colectiva, casi un happening para tiempos efímeros. La dueña del primer disco que abrió el camino para la revuelta punk, no se detuvo ni un instante en las canciones de Horses (1975): optó por un viaje más íntimo sin olvidar el voltaje cuando el devenir del set-list empezó a pedir algo más que mensajes de unión y empoderamiento. El mejor reflejo de la vieja furia Smith quedó materializada en "Because the Night", un in crescendo bajo el tintinear del piano que asciende con las palmas del público y el dramatismo de la voz: "Porque la noche le pertenece a los amantes", canta y es cierto. El tema, compuesto a dúo con Bruce Springsteen, cerró un recorrido marcado por certeras intervenciones antes de cada tema, un modo fluido de conectarse con una platea devocional que disfrutó tanto sus canciones como de los breves monólogos. "Nunca alcanzó la fama ni la fortuna, pero si la inmortalidad", dijo antes de cantar "My Blakean Year", una oda dedicada a William Blake, una de sus grandes influencias literarias.

 

Con gracia y control absoluto de lo que sucedía arriba y abajo del escenario, capeó un momento tenso cuando agradeció al ministro de Cultura y una silbatina rompió el silencio: "En mi país no hay un solo integrante del gobierno que se quiera reunir conmigo", y agregó, "bueno, tal vez no era el ministro de Cultura, tal vez fue alguien en su nombre, pero fue muy amable conmigo". Minutos antes del show, de manera imprevista, buena parte de la asistencia empezó a corear "Mauricio Macri, la puta que te parió", trasladando por primera vez el nuevo hit en los estadios de fútbol a un ámbito sinfónico.

 

Smith estuvo acompañada por Tony Shanahan y tuvo como invitados a Jimmy Ripp y los argentinos Patricio Villarejo en cello y Matías Sagreras (órgano). Foto: RollingStone/ Agustín Dusserre

Sobre esos vaivenes emotivos, la presencia de Patti Smith se instaló en la realidad argentina como un adorable activista de las causas justas. Desde la súbita histeria que provocó su segunda visita, con largas colas para conseguir un ticket, hasta su compromiso en favor del aborto legal -ingresó a la sala con el pañuelo verde que identifica al colectivo feminista y lo empuñó en varios momentos del show-, la cantante y poetisa logró conectarse y llegar un poco más allá a lo que nos tienen acostumbrados otras visitas internacionales. Y cuando salió al escenario, sus declaraciones tomaron otra dimensión para completar un libro interminable: la naturalidad al explicar el terrible olvido de la letra de "A Hard's Rain A-Gonna Fall" en la ceremonia de entrega del Premio Nobel, aquí la cantó mejor aunque hubo un pequeño fallido mientras leía la letra escrita sobre un papel y que al terminar hizo un bollo para luego tirarlo al piso, un pequeño gesto punk como cuando escupió en dos oportunidades el brillante escenario de madera del CCK. Los continuos saludos a los que seguían el show desde la pantalla de la calle, las miradas de arenga a los músicos que se fueron acoplando al show, primero el guitarrista Jimmy Ripp y más tarde los argentinos Patricio Villarejo (cello) y Matías Sagreras (órgano), y sus movimientos teatrales, son postales de un concierto único, performático e ilustrativo a la propia historia de vida de su protagonista: desfilaron Fred "Sonic" Smith su adorado marido homenajeado con la interpretación de un viejo clásico de los '60 ("The End Of the World"), las lucha sociales a partir del rescate de un tema Buffalo Springfield ("For What It's Worth") y el mejor tributo de la noche con el recuerdo de Lou Reed ("Perfect Day")

Poco importó las señas de auxilio de Ripp al sonidista pidiendo que le suban el retorno, o si el órgano que presidía el escenario casi ni se escuchó, porque para contrarrestar algún desajuste estaba la monumental "Pissing In A River" en versión pastoral o la cumbre dramática por dónde camina "Beneath The Southern Cross". "Es mejor ser humana que ser perfecta", había anunciado un día antes en referencia al episodio del Nobel. El bis confirmó todo lo bueno de una noche inolvidable, Patti Smith compartió con sus devotos al pie del escenario el canto libertario "People Have The Power", final de pura comunión y abrazos mientras muchos buscaban la selfie de su vida.

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